Dios nos habla a través de los hombres, y expresa su mensaje en el lenguaje propio de los hombres para que puedan entenderlo. Emplea un lenguaje sencillo, popular, simple, de manera que hasta el menos culto lo pueda captar. Por eso se sirve de las maneras de hablar, modismos y géneros literarios que los escritores y las gentes usaban en el tiempo en que Dios les comunicó su palabra.
El Concilio Vaticano II lo dice claramente: “Dios habla en la escritura por medio de los hombres en el lenguaje humano; por lo tanto el intérprete de la escritura, para conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe estudiar con atención lo que los autores querían decir, cómo lo dicen y lo que Dios quería dar a conocer con dichas palabras. Para descubrir la intención del autor hay que tener en cuenta entre otras cosas, los géneros literarios” (D.V. 12).
Se entiende por género literario la manera que tiene un escritor de emplear el lenguaje, entre los géneros están: lírico o poesía, narrativa, dramática, ensayo, entre otros.
Estas imágenes facilitan la comprensión del sentido del mensaje transmitido.
Metáfora. Se da la metáfora cuando se trasladan las palabras del significado propio, mediante una figura o comparación implícita a otro significado impropio con el que guarda cierta analogía o semejanza; por ejemplo cuando se dice en literatura: el prado ríe.
En sentido metafórico emplea Jesús estas expresiones: Mt 5, 13.
Alegoría. Es una comparación basada en una metáfora continuada o desarrollada. Ejemplos típicos son: ver Jn 10, 11-16 y Jn 15.
Parábola. Se llama parábola a una comparación desarrollada a través de un relato ficticio con un fin pedagógico. Dos elementos aparecen en la parábola: el recurso a la comparación. Y el aspecto enigmático de la expresión, para provocar la curiosidad, incitar a la búsqueda y subrayar la importancia y trascendencia de la enseñanza comunicada.
Símbolo. El símbolo es un signo o acción que representa otra cosa, personaje, institución, etc. Así la bandera es el símbolo de la patria. Ejemplos: Hch 21, 10-13; 1Re 11, 29-39; Ez 37, 1-14; nombres simbólicos como los de los hijos de Oseas 1, 4.
El mito. El mito o fábula es una narración ficticia, totalmente inverosímil, que atribuye a la naturaleza irracional cualidades humanas, como la palabra y la razón. Su fin es enseñar e instruir. Ejemplo: Jueces 9, 8-15.
Dos posturas erróneas hay que evitar ante el lenguaje de las imágenes:
Una postura, la que peca por exceso y otra por defecto. Por exceso, la de aquellos que, materializando la imagen, la toman al píe de la letra y con el mismo rasero miden la verdad que implica.
Y por defecto pecan los que, todo lo interpretan de manera impropia, alegórica y figurada. En la Biblia aunque hay textos oscuros de difícil comprensión, no obstante, estas imágenes correctamente identificadas y entendidas son los suficientemente explícitas si se las interpreta correctamente y en su contexto.
Finalmente, en todas estas cosas lo que importa, - por encima de la forma que es muy importante - , es lo que viene dentro, es decir, el pensamiento de Dios, que para que nos resulte atrayente, lo hace envolver a través de instrumentos humanos, en envoltura sensible, con el fin de que ese pensamiento, que es su mensaje, no se olvide nunca.
Se llama inerrancia a la ausencia de error en la Biblia, esto conlleva dos verdades:
Que siendo la Biblia inspirada por Dios, toda su doctrina es palabra de Dios, ya que de una u otra forma expresan el pensamiento divino, no puede haber en ella error o falsedad.
Que entre la Biblia y las ciencias naturales no puede haber real oposición.
Tengamos en cuenta este principio: la escritura no intenta darnos directamente enseñanzas sobre materia científica o evolucionista, sino que trata de darnos un mensaje religioso.
Por eso, cuando los autores sagrados hablan de asuntos que rozan con las ciencias naturales, se acomodan al común sentir de la gente que los rodea, bien sea juzgando de las cosas por sus apariencias, o bien sea usando un lenguaje figurado, poético, etc.
Este principio es válido lo mismo cuando se refiere a las narraciones históricas, que a asuntos físicos, a interpretaciones biológicas o astronómicas, y aún a crímenes y pecados.
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